EN EL SILENCIO DE LA CASA QUEDAS COMO
UN VIEJO GÉNERO.
Vuelvo hecho de restos de espejos, cada pedazo canta tu
nombre, de la esquina de la catedral vuelvo, entre la noche y el espejo hay una
complicidad sutil para enhebrar olvidos. El rostro de la voz resbala por la
canaleja que te hace, la puerta palidece y se hace ventana o tapia cruda para
decir que no estás, que el horcón ha hecho la diligencia de volver al suelo,
que la piedra es el esqueleto de la tapia, que la ranura esconde raíces y
entierros. La mesa espera un rincón de pan, sigo sentada en esta silla que me
escinde y me vuelve busaca que se lleva el viento.