NO HAY PRISA PARA QUE LAS HOJAS DEL
DÍA
NOS LEVANTEN DEL MIEDO.
Noche abierta en puñales ¿Adónde vas? Las manos son
cerbatanas, cocuyos que esperan y alientan, noche de negro cuchillo que cruza
la cara y se desenfada, me dibuja en humo dulce. Nazco con la tarde, para
medianoche ya estaré brincando en tu vientre de sal, seré mortaja para el
amanecer, mientras volvamos yesca los huesos. ¿Cuál miel destilan tus huesos al
verme? Un rosal que se llueve en pétalos, al sol sobrevivirán sólo las
palabras.
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