NO HAY UN PORO DEL CUERPO QUE NO
RESPIRE EL AIRE PARA ENCONTRAR TU AROMA
La piel, oliendo crucifijos, la piel que mira, que se distrae
en la silla de cuero donde lleva años sentada, envía lloviznas, algunas de
ellas de la época del diluvio. María Marín absorta le habla a niños
imaginarios, señala al cerro cercano que es pura piedra y cují y dice que cuiden esas vacas, mirada al
viento la piel hendida mira los edificios y dice cuiden esos conucos y ese maíz
que se lo van a comer los pájaros, señala al asfalto ardiente y dice recojan
esos rosales. Su mente anda entre laberintos que miran lunas de agosto en el
neón cercano, que ve relámpagos en la pantalla del televisor y me llama para
que recoja la ropa porque va a llover, o que ponga la sopa y eche arepas y mueve las manos al aire, sortija gris es su rostro pero de oro
abren los brazos araguaneyes cercanos- Espejo que hace la piel, mi refugio.
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