TELA DE MI CUERPO ENVUELTA EN TI
La neblina que baja del Sandoval, que es un zanjón por donde
se anuncian y bajan los aguaceros a Trujillo, te devuelven en ecos que
pronuncio en cada gota de agua y que a veces logro esconder en mis bolsillos
rotos de donde saldrán otra vez envueltos en una fragancia oscura de guayaba o
coco según sea el mandado hecho a media mañana. Los rostros que tiene la tarde te
bautizan con un canto. Un canto dibujado por la tela de mis manos, hecho con la
luz que aún queda en la copa del cedro distante, allá arriba donde nace el
Sandoval. Busco en mis pantalones la estampa que me han dado en la Iglesia,
para esconder miedos me envuelvo en ti, a cada gota le pongo un nombre, al
final el cuenco de agua hablará tu lengua y tu destino.
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