TU CUERPO DESNUDO SE HIZO NOCHE EN EL
ADIÓS DE LOS RELÁMPAGOS
Multiplicada por los espejos que esconden tus
ojos vivo alucinada de voces menguadas en las caderas y en cada curvatura tuya
que me envejece. Recibes de nácar los saludos al viento que llegan desde el
Musabás, que es el río por donde baja el agua y quien la bebe lo olvida todo.
Los intentos de ayuno los trazo en los corredores de la Iglesia de la virgen de
Chiquinquirá, que se hace cercana a mi voz cuando te nombro.
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