EL HOMBRE SUEÑA QUE ES DIOS AL SÉPTIMO DÍA
DESPIERTA Y DESCANSA
En el afán diario, ahí en la próxima
esquina del viejo edificio del Telégrafo, ahí mismo en plena calle Bolívar, me
paro cuando no hay fiscales, bien cerca para esperarte, y es un suspiro cada
minuto y apunto a las tres y media para volver a renacer. A veces le doy
vueltas a la plaza como perro que busca agua o como tuteque, buscando rincones. También me invento la tres y media de la tarde cuando estas dormida, ya
todos los rosales de este pueblo me reconocen desde lejos y me ven las tapias
de medio lado sino ando contigo. De los rosales no han quedado sino los
nombres. Me invento viernes por la tarde solo por el placer de volver a cada
pétalo tuyo, la semana no se cuenta por días y horas, sino por presencias y
ausencias tuyas donde regocijarme y despierto cada séptimo día sintiéndome
distinto.
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