SÓLO ME MULTIPLICO EN MILAGROS CUANDO
LEO
Mis párpados son ventanas abiertas cuando regresas calle
abajo y tengo que evocar candelas o techos ahumados para distraer mis huesos en
el umbral del convento porque la espera se alarga como eco de campanada
nocturna. Hago origamis con la partida de nacimiento y en el ave se escapa la
historia de Carmen la hija del cura, volando entre la lluvia. Vuelvo tuche la defunción de Juan, hago un
avión de papel pensando exorcizarlo del olvido, la arrojo al agua que baja de
la calle arriba como río festivo para que lleve su muerte hacia la barranca. Puedo
calmar la sed con tu risa, aunque soy yesca quiero que cada hueso deje de ser
ceniza y se mezcle con este aguacero vespertino, quiero dejar a un lado
cualquier atisbo que encienda mi memoria y gozar de este momento en el que
llegas con la pelota que te pedí ayer tarde. Llueve y cada gota es hilo
distinto que se cose a la tierra, gota-aguja que da puntadas y me dibuja en la
sombra. Te espero entre-libros en la
casa dominica de la Reina de los Ángeles, me entretengo pensando en Carmen y
Juan, en los besos no dados, doblo papeles, mientras llueve pienso que hay un
árbol distinto esperándonos en algún
lugar, un árbol del cual comeremos sin temor.

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