QUÉ HACÍAS MIENTRAS LA ARENA OLVIDABA
LA HUELLA DE TU CUERPO
La tarde bebe el reflejo de mis ojos a sorbos. Doy la vuelta
entre los azahares, miro al suelo y en este pueblo donde nunca llueve
locamente, miro los senos de arena que hacen las hormigas. Desdoblo la hoja de
mango y se desvanecen las caderas, que se van callejón arriba buscando la
alameda o calle abajo oteando el río seco. Las campanas de la catedral de Trujillo redoblan, sigo
sentada acá en la plaza esperando a que
pase mi funeral.
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