martes, 18 de abril de 2017

SÓLO ME MULTIPLICO EN MILAGROS CUANDO LEO



SÓLO ME MULTIPLICO EN MILAGROS CUANDO LEO

Mis párpados son ventanas abiertas cuando regresas calle abajo y tengo que evocar candelas o techos ahumados para distraer mis huesos en el umbral del convento porque la espera se alarga como eco de campanada nocturna. Hago origamis con la partida de nacimiento y en el ave se escapa la historia de Carmen la hija del cura, volando entre la lluvia.  Vuelvo tuche la defunción de Juan, hago un avión de papel pensando exorcizarlo del olvido, la arrojo al agua que baja de la calle arriba como río festivo para que lleve su muerte hacia la barranca. Puedo calmar la sed con tu risa, aunque soy yesca quiero que cada hueso deje de ser ceniza y se mezcle con este aguacero vespertino, quiero dejar a un lado cualquier atisbo que encienda mi memoria y gozar de este momento en el que llegas con la pelota que te pedí ayer tarde. Llueve y cada gota es hilo distinto que se cose a la tierra, gota-aguja que da puntadas y me dibuja en la sombra.  Te espero entre-libros en la casa dominica de la Reina de los Ángeles, me entretengo pensando en Carmen y Juan, en los besos no dados, doblo papeles, mientras llueve pienso que hay un árbol distinto  esperándonos en algún lugar, un árbol del cual comeremos sin temor.

IMPRENTA PARA LA TARDE



La tarde se desgaja en sombras como periódico antiguo al cual se le han ido desvaneciendo las letras. El sol ya es solo un canto de luz lejano. Rítmicamente el trueno ensaya el concierto de lluvia que en un rato dará a estas calles en las que mi cuerpo calza como una hoja en el aire. Discurro en sustraerme de un mundo vivo, un mundo donde la pantalla de los ojos hay sido encendida a la vida, tu mundo. De cuando en cuando reviso las costuras de la vida y pienso que el traje de arrugas que me ha ido proponiendo me queda algo ajustado aun. Miro hacia atrás y los vestidos de flores son un paraíso al cual no accedí y del cual salí evaporado como un ser distinto. El alfaverso del mundo es un alfabeto de metáforas vivas que me anuncian sueños, aquí te dejo una petición de retorno, espero tus gajos de vida escritos a media voz....

DE LAS COSAS QUE LLEVO EN EL COSTADO





DE LAS COSAS QUE LLEVO EN EL COSTADO
Duplicado por sudores presiento la fragancia oscura que toca tu sangre. Los lunares de tu piel son islas donde me salvo de naufragios nocturnos. Tengo todos los números del mundo tallados en mi piel para recordar cada segundo de ausencia tuya. Estamos huérfanos de amores, aluviones de vitrales en la voz por cada despedida que se vislumbra por las tardes con canciones que se escuchan a lo lejos por los lados del Cerro Santa María.
Multiplicado por los espejos que esconden tus ojos vivo alucinado de voces menguadas en las caderas y en cada curvatura tuya que me envejece. Recibes de nácar los saludos al viento que llegan desde el Musabás. Los intentos de ayuno los trazo en los corredores de la Iglesia Chinquinquirá que se hace familiar a mi voz cuando te nombro. La sirena cada vez más lejana me libera de olvidos.
Numerando recuerdos desde la última caminata por Carmona, haces cobijas con los labios. Has vestido de imanes a la nevera donde guardamos los deseos y abandonamos éste temor metálico que inunda a nuestros huesos que ya son migajas esculpidas por el agua. Un rumor de hojas secas se cierne sobre las pupilas desvencijadas, volteretas y musgos permeando los tintes del día, de silencios están hechos los gritos de cada madrugada.
Sumado por los tambores lejanos de la lluvia que viene bajando por el Sandoval como brinco de niño, inauguro un diluvio de besos sobre tu cuerpo, me deshago en artes gitanas sobre las manos, en pequeñas chispas de fuego que llevamos entre los ojos. Cándida te vuelves por la calle arriba, recorriendo azabaches de luna en cada nuevo amorío que levanta nubes de sol que vienen desde el San Isidro, llegas sumergida por las piernas del pueblo que se oscurece a cada paso. Hay un escaparate de voces calladas en el aire, licores cansados recorriendo los abrazos que nos damos en este mundo que tiene esqueletos de tapias y piedras que escriben con detalle nuestros nombres.
Dividido por las estatuas del parque los ilustres, cromadas por tu ausencia, escindido de pieles de semanas taciturnas, envejecido por la ausencia de caricias en el aire, apuesto todo mi destino a los discos antiguos de Javier Solis que rescatan las costas de tu cuerpo, allá en el Bar Buenos Aires de mi infancia. De naufragios hago este olvido que te recorre callejón Arismendi adentro. Hay alivio de huesos sobre la almohada del sol que me promete el Bar a media tarde. Camino y consigo el escapulario de rosas que dejamos como amantes que fuimos.
Numerales entre las cortinas de mi infancia que tienen lenguas que se angustian, que no saben refrenarse y son bañadas entre las totumas del patio, camino despacito por la fría cariátide de tus disgustos allá en la plaza Sucre adonde juramos iríamos juntos a pasear a esta lengua mía que te abre en laberintos, que se desempolva en cada aula de la escuela Carabobo. Enmudecida andas por los lados de la Catedral, llena de sordera nueva y de un nido arábigo que se resuelve en mieles, en hieles que hacen brotes de rosas por el Buen Pastor.
Siglos llevo por conseguirte desnuda en el río de mi infancia, hundida en canciones aprendidas desde siempre y los ritmos de tu cuerpo llenan de luna al Sandoval de mis ojos.
Fraccionada por tu costumbre de pitonisa en ciernes elaboras de olvido esta piedra horadada por el viento que es mi palabra, esta seda de puertas antiguas que abrieron al aguacero que viene por los lados del Alto de la Chapa. Las mentiras de mis ojos te llenan de apocalipsis precoces, en nuestra angustia de revelar entuertos por convexos, por cóncavos azules de almidones en el verbo por piruetas de olvido, morisquetas, contorsiones que vendo en el mercado de San Jacinto adonde fuimos una mañana a comer disgustos.
El río Castán inundando los límites de mi cuerpo, la Quebrada de Ramos muda su encanto a esta invocación que haces del nombre de una rosa que se hizo piedra, que está tatuada antigua sobre mi espalda, que se alivia en los sudores de los aromas que vienen toteando bucares.
Una sábana hace el cielo de los ojos y se esparce en labios, acá en el cuarto de los varones, te hago promesas para fundar un reino distante donde un Rey lleve a Diego por mentor, donde un Hada construya lámparas con Patricia grabada en perlas, hijos que serán tesoros de un mundo que se funda en los ríos del alma.
Sumatoria de huesos aliñados por señoras de estas tierras, por teléfonos andantes que enfrascan la última gota de aguardiente, que se incineran en cientos de besos.
Especies de los lados del cerro Santa María inundando la flora de libros que hace selvas, que tiende puentes abrazados por aguas antiguas libadas por el cequión cercano. Remolinos boreales mascando puertas y ventanas en la Quebrada de los Cedros. Levantando adioses por los lados del Musabás, me deshago de la tribuna griega que deja tu torso desnudo allá en el cerro Santa María.
Cálculos de cojines en el piso, de vino sobre la piel en plena mañana de Carmona, o del Prado, o de cualquier parte de este rincón del mundo, álgebras bañando los brazos de luz que tengo para abrazarte solamente. Díscolos manjares de un Pent house en las Acacias con espejos cercanos al Country o vía la Puerta para mejorar el encanto.
Aumento de voces en el espiral de olvido que deja la ausencia en que me encuentra la quincena, sin un billete en el bolsillo. Imagino colinas desde tu cuerpo desnudo y ansío morir colmado con los libros de Cohelet y Salomón entre mis manos, teniendo a la brevedad de la vida de Séneca como testigo.
Burbujas rojas, o Land Cruiser doradas donde pasear tristezas te prometo a media tarde tomando café en los solares de un centro comercial para donde vamos a engañar entuertos y a ocultar decenas de caricias empequeñecidas recorriendo tu cuello. Llevando al río Motatán en cestas de fuego, en marfiles íntimos, en cuevas antiguas o en moteles nuevos donde pintemos los deseos de piedra reciente y hagamos un álbum que llene de cantos las pestañas que se cierran al sol.
La Plazuela esperando tus senos, vienes del río Mocoy arriba, vienes con caderas cercanas, con tamborileos lejanos llegas, primeras voces en la mañana destiñendo sueños aquí en Trujillo, últimos ruidos de la noche calculando pesadillas en cualquier lugar del mundo que conozco, que no va más allá del Cristo de Jose ni más allá de Cúcuta. Ni por debajo de ninguno de los catorce puentes del río de mi pueblo. Tu cuerpo algodonado de puro blanco que es, tu cuerpo desnudo que es mi abrigo, tu chequera de sueños donde coloco números de estas ansías de coser estrellas a mi historia.
En el profundo deseo distinto que me inaugura disperso mis ganas. Me despides calle arriba andando, me haces silencio tuyo en el costado, con el talle fecundo de tu cintura, me vuelves añicos el edén que se resuelve en siete días.
Los pasos ausentes de la Mirabel o de Tres Esquinas, son cuerda floja de cantos homéricos en plena plaza de Pampanito o de la Cejita a medianoche.
Lápidas iluminadas que resurgen como pesadillas en la muerte que me acecha desde el 13 de septiembre de 1985. Malabarismos de bodeguero, llámese Quintín o Duarte en donde comprar queso para unas arepas que aun no se hacen. Pétalos de tiempo que María Aurelia Azuaje cuenta entre el agua del anafre ahogado por la lluvia. Cortados por la luz de los ojos, bendigo a Palomares, santifico a Valera Mora por besar tantos labios con el azar de sus versos pronunciados justo a tiempo.
La epístola de sábanas donde escribes en mi costado tiene lámparas que se estremecen por los roces de nuestras manos, las mismas que modelan golondrinas y vientos de lluvia que auguran esta resurrección.
Escrito bajo el nombre de “Algoritmos de las sábanas” en Trujillo el 24 de abril del 2000
Re-escrito como “DE LAS COSAS QUE LLEVO EN EL COSTADO” en Trujillo el 12 de mayo del 2012.
JOSÉ LUIS BARROETA BARAZARTE

ESTA ES TU CASA, TU FOGÓN DE HIERBA HÚMEDA SOBRE LAS BRASAS DE MI CARNE

  Sumada por los tambores lejanos de la lluvia inauguro un diluvio de besos sobre tu cuerpo, me deshago en artes gitanas sobre las manos,...